Al igual que en el periodo de «entreguerras», los sistemas políticos occidentales caminan en una espiral de polarización. El origen de la polarización está hoy -como entonces- en la acumulación de problemas irresolutos. Cuando las cosas van bien, la «casta» es «élite»; cuando los problemas se acumulan y la «élite» deviene, a ojos del público, en un problema antes que una solución, el Rey aparece desnudo. En este artículo aprenderás cómo la polarización termina operando mutaciones en el sistema político y cómo estas aceleran a su vez la dinámica polarizada, en un proceso que Giovanni Sartori caracterizó como «dinámica centrífuga» del «pluralismo polarizado». Dicha dinámica tiene el potencial -muy real- de producir quiebras democráticas

El Pluralismo Polarizado
El genial politólogo italiano Giovanni Sartori (1976) -y no es posible exagerar la importancia de este autor para la disciplina- estableció una tipología de sistemas de partidos que va desde el Partido único de los sistemas totalitarios hasta el extremo más fragmentado de las democracias electorales multipartidistas. Tras un análisis pormenorizado de una serie de casos, llegó a la conclusión de que la fragmentación de un sistema de partidos alcanza su límite en un número efectivo de partidos de entre 5 y 6. No es menester profundizar aquí en el concepto, pero el número efectivo es algo diferente al número total observable en un Parlamento: se excluyen los partidos que, por su pequeño tamaño en las cámaras, no tienen un efecto real sobre la gobernabilidad. Por simplificar y aunque la realidad a menudo sea más compleja, digamos que, cuando el número efectivo supera los 5-6 partidos y existen partidos antisistema en ambos extremos del sistema de partidos, el Pluralismo Moderado deviene en Pluralismo polarizado: la dinámica de la competencia en un sistema de partidos dado pasa de ser centrípeta a ser centrífuga. No se preocupen si no están entendiendo nada de la jerga politológica, pues me aseguraré de que al final de este artículo tengan claros todos los conceptos. Pero vamos por partes
¿Por qué la dinámica pasa de ser centrípeta a centrífuga? En el Pluralismo Moderado, los partidos que aspiran a gobernar han de disputarse el centro. Imaginen un régimen parlamentario con un sistema de partidos dominado por 2 partidos grandes: es común que uno obtenga la mayoría absoluta, y, cuando no lo consigue ninguno, otros pequeños partidos facilitan el gobierno de uno de los dos grandes, ya sea en solitario o formando coaliciones ad hoc. El parlamento tiene 400 diputados. En la última hipotética elección, el partido de centro derecha obtuvo 190, a tan solo 10 de la mayoría, el de centro izquierda 110, y los restantes se los repartieron un partido verde y otro liberal (este ejemplo podría ser perfectamente la situación real de la República Federal Alemana durante décadas, excepto por el tamaño de la Cámara).

El votante mediano: aniquilado por la dinámica centrífuga del Pluralismo Polarizado
El partido de centro derecha tan solo necesita el apoyo o abstención de los verdes o los liberales, e, incluso en solitario, su gobierno será probablemente tranquilo, pues no hay partidos extremistas/obstruccionistas representados en la Cámara. ¿Qué tipo de oposición y estrategia electoral crees que deberá proyectar el partido de centro-izquierda para optar a ganar las siguientes elecciones?

El politólogo estadounidense Anthony Downs postuló un modelo para explicar la dinámica de competencia centrípeta. Se ha criticado al modelo el ser solo aplicable a sistemas bipartidistas puros, que son muy escasos, pero a efectos divulgativos nos sirve al hilo de este artículo. El modelo postula que la mayoría de los votantes se concentran alrededor de la mediana de distribución ideológica. Incurre en una petición de principio, pero no es descabellada en entornos no polarizados. La clave para entender la dinámica centrípeta es que la masa gris, en torno al centro de la gaussiana -en el punto «M»-, es un electorado en disputa, potencialmente recolectable por ambos partidos, mientras que las partes coloreadas son votantes fieles. En tal contexto, no tiene sentido que el partido de izquierda -el rojo- enfoque una campaña electoral de tintes marcadamente izquierdistas -a la izquierda del puto «A»-, ni que el de derecha -el azul- inicie una campaña de marcados tintes derechistas -a la derecha de «B»-. Puesto que los votantes más fieles van a mantener su voto siempre que el partido esté más cerca de sus posiciones que el partido menos afín, lo racional será llevar la contienda electoral al centro.
Tal es la dinámica centrípeta -o como Sartori también la llama, «Bipolar»- del Pluralismo Moderado.
Pero, ¿qué cambia que aumente el número de partidos representados en el parlamento? Primero vamos a precisar otro extremo: esto no tendría que ser per se problemático si se cumple una premisa, a saber, que la fragmentación del número efectivo de partidos refleje un aumento del número de clivajes que atraviesan la sociedad a quien el Parlamento representa. Esto es, que -por el motivo que sea- el número de conflictos políticos importantes en una sociedad haya aumentado, y ello requiera una cantidad mayor de vehículos de representación. Vamos a precisar a más qué es eso de un clivaje.
Clivajes sociales y Sistemas de Partidos
Lipset y Rokkan acuñaron este concepto para reflejar aquellas líneas de fractura, aquellos conflictos, que en una sociedad dada determinan los alineamientos políticos y que, por ello, en una democracia electoral determinarán el número y el tipo de partidos representados en el Parlamento. Por ilustrar, el clivaje típico de la sociedad industrial fue el «Obreros versus Capitalistas», y dio lugar a los partidos laboristas/socialistas, por un lado, y liberales/conservadores por otro.

Pero, ¿tan problemático es que un incremento del número de partidos no guarde relación con los clivajes políticos? Antes de explicar por qué es problemático a nivel de dinámica del sistema de partidos, atendamos al hecho empírico: lo cierto es que observamos persistentemente una relación del número de clivajes y número de partidos que queda descrita por la siguiente fórmula, donde «N» es el número efectivo de partidos y «D» es el número de dimensiones de conflicto observables en la sociedad.
N= D + 1
Observen la siguiente imagen, extraída de «Modelos de Democracia» de Arendt Lijphart:

Como ven, la regresión descrita por la fórmula se acerca a la perfección: los sistemas de partidos de todas las democracias a lo largo y ancho del mundo se ajustan a la fórmula que les he traído con una precisión que bien podría calificarse de sorprendente. Pero, ¿qué ha pasado en los últimos años en España?

Pues que el número de partidos ha crecido sustancialmente desde 2015 con la entrada con enorme fuerza de Cs y Podemos en el Parlamento. Fenómeno de fragmentación, por cierto, que no ha acontecido -¡ni mucho menos!- tan solo en España. ¿Y qué ha pasado con el número de clivajes?

Lijphart caracterizaba a la sociedad española desde hace décadas como atravesada por 2 clivajes importantes y uno de importancia intermedia. Los dos grandes son, por un lado, el socioeconómico o eje izquierda-derecha y, por otro, el centro-periferia que enfrenta, básicamente, a nacionalistas vascos y catalanes con nacionalistas españoles. Si convenimos -y es una tesis que considero sensata- que el clivaje religioso ha ido perdiendo fuelle con el tiempo, y que, como mucho, ha sido sustituido por un nuevo clivaje típico de la sociedad posindustrial, Valores Materialistas Vs Valores posmaterialistas (para mayor detalle pincha aquí); vemos que el número de partidos ha crecido sin hacerlo el número de clivajes. ¿Qué quiere decir esto?
Dos cosas: que i) los vehículos tradicionales de representación -el PP/PSOE- no responden a las expectativas del electorado; y que, en parte a consecuencia de ello, ii) está aumentando la polarización.
Y fragmentación del sistema de partidos y polarización son, precisamente, dos de las características -quizás las más importantes- del Pluralismo Polarizado de Sartori. Ya podemos volver al principio aviados con el arsenal teórico adecuado para salir de este dédalo y resolver el enigma de la vertiginosa transformación de nuestro sistema de partidos.
Pluralismo polarizado: un animal en estado terminal
Así, cuando un sistema de partidos supera el umbral de los 5 o 6 partidos efectivos, empieza a mutar de forma casi automática. Y ello en parte a una mera cuestión aritmética. Volvamos al ejemplo del Parlamento de 400 escaños.
Con el tiempo, en nuestro ejemplo hipotético los partidos de centro derecha y centro izquierda han ido desangrándose hasta equiparar sus fuerzas en los 100 escaños; los verdes y los liberales mantienen el tipo; y a los extremos del sistema de partidos surgen con fuerza un partido de derecha radical y otro de izquierda radical. La mayoría para gobernar, siendo el Parlamento de un total de 400 escaños, está en los 201.
Como fácilmente pueden colegir, ninguna coalición del centro derecha o centro izquierda con los partidos moderados -liberales y verdes- daría lugar a mayoría, pues se quedarían en 150 escaños. En tal contexto, las únicas alternativas posibles son: i) Gran Coalición de los partidos de centro derecha y centro izquierda, sumando 200 escaños que, aunque a un escaño de la mayoría, podría ser suficiente para formar un gobierno en minoría con visos de estabilidad tolerado desde fuera por los partidos radicales de menor tamaño; ii) un gobierno en minoría y débil entre centro derecha y derecha radical o entre centro izquierda e izquierda radical, que por supuesto contarían con la oposición de todos los demás partidos representados en el parlamento. Esta segunda opción, dependiendo del mecanismo constitucional de investidura, puede incluso ser imposible o muy improbable de llevar a cabo, pero a efecto de modelizar las consecuencias de esta eventual situación, vamos a ignorar este punto y vamos a entender como que tales gobiernos son posibles en todo sistema político en que se dé tal coyuntura aritmética.
La posibilidad «i» ha sido explorada en Alemania en no pocas ocasiones -a tiempo presente, sin ir más lejos, se da una coalición de este tipo- con coaliciones que incluían la CDU/CSU y el SPD; y también en otros países como Austria o Reino Unido, en particular los llamados gobiernos de Concentración Nacional, como el gabinete de Churchill de 1940 que, dada la coyuntura de la 2GM, reunió a líderes de los tres principales partidos -Conservadores, liberales y laboristas- bajo la presidencia de aquel. En un contexto de guerra tales gabinetes dan una imagen a la ciudadanía de unidad nacional y no suelen explorarse por una necesidad aritmética, sino por motivos políticos que lo justifiquen. Si se explora por necesidades aritméticas, este tipo de gobierno es inestable, además de peligroso. ¿Por qué? Piensen en el ejemplo hipotético que hemos citado: si la Gran Coalición decepciona -y todos los gobiernos lo hacen, tarde o temprano- las únicas alternativas donde el elector puede posar sus ojos son los partidos liberal y verde en el centro, y los dos de los extremos. Dado que un sistema político de este tipo se ha fragmentado precisamente porque los vehículos tradicionales de representación no dan solución a los problemas percibidos por la ciudadanía, es de esperar que sean el partido de Derecha Radical y el de Izquierda Radical quienes canalicen el descontento. Así, el resultado a medio plazo de una Gran Coalición es lo que Sartori denominó una dinámica centrífuga caracterizada por la polarización. No se preocupen, cuando avancemos un poco más ahondaremos en el qué y el porqué de la dinámica centrípeta del pluralismo moderado y la centrífuga del pluralismo polarizado. Mi intención por ahora es que entiendan cada pieza del puzzle.
¿Y por qué la opción «ii» es también peligrosa? Veamos: este es el punto preciso en el que, con el conocimiento acumulado a este punto del artículo, se entiende con claridad qué es eso de una dinámica centrífuga en un sistema de partidos. El quid de la cuestión es que en el pluralismo polarizado se da un fenómeno que Sartori denominó de oposiciones bilaterales y que da lugar a una competencia de tipo triangular, en lugar de la competencia de tipo bipolar que se da en los pluralismos moderados y en los sistemas bipartidistas.
Una situación de oposiciones bilaterales se da cuando los partidos de centro, en nuestro ejemplo los partidos de centro derecha, centro izquierda, liberales y verdes, encuentran oposición, ¡tanto a su derecha como a su izquierda! Es esta la razón por la que decimos que la dinámica de confrontación es triangular en vez de bipolar. Lo que ocurre en este tipo de dinámica es que el modelo del votante mediano de Downs se rompe por completo. El partido de centro derecha deja de tener incentivos para competir por el centro con el de centro izquierda, pues se arriesga a ser devorado por el partido de derecha radical, y, viceversa, se produce la misma dinámica entre el partido de centro izquierda con el de izquierda radical. Les traigo de nuevo el modelo de Downs para refrescarles la mente.

Ya entienden por qué llamamos a este animal pluralismo polarizado, ¿verdad? Efectivamente, al obligar a los partidos a abandonar la competencia centrípeta -hacia el cetro- y sustituirla por la competencia centrífuga -hacia los extremos-, el sistema de partidos sufre una progresiva mutación -más bien una progresiva degeneración- en dos sentidos muy precisos: i) las estrategias de comunicación de los partidos son cada vez más polarizadas y confrontativas; ii) los partidos de centro se terminan por parecer cada vez más a los de los extremos, dejando huérfanos y desencantados a los electores moderados.

El observador atento habrá notado ya como el precio que el PSOE ha pagado por aniquilar a los partidos de la Nueva Izquierda -Podemos, Sumar, Más País y demás confluencias-, ha sido parecerse cada vez más a ellos. Ha fagocitado sus votos, sí, pero es un partido menos capaz de competir hoy por el centro de lo que lo era a una fecha que ya se nos aparece tan remota y a la vez tan cercana como 2014. Por ello, pese a haber absorbido gran parte de los votos de la Nueva Izquierda (y no solo, pues también ha absorbido voto catalanista, y no precisamente poco) de 2019 a 2023, tan solo ha pasado del 28% al 31,68% de las elecciones generales de aquel año a las de este último.

Las administraciones locales y autonómicas están escasamente mediatizadas y su actividad cotidiana queda lejos del escrutinio del público -a excepción de comunidades como la vasca y catalana en que la política local tiene mucho seguimiento en medios y en el público-. Por ello, el PP aún no ha empezado a notar los efectos de la mutación que su competencia centrífuga con VOX le terminará produciendo, si hacemos caso al modelo de Sartori. Yo creo, efectivamente, que así ocurrirá si termina gobernando en la Administración General del Estado en coalición o dependiendo de VOX. Se verá devorado por la estética y la retórica de la derecha radical como el PSOE se ha visto devorado por la estética y retórica de la izquierda radical.
Las democracias liberales pluralistas polarizadas, ¿pueden quebrar?
Así pues, ya sabemos identificar por qué la llegada de la Nueva Política no era un signo de esperanza, sino un síntoma de una enfermedad potencialmente letal.
Aquí llegan las malas noticias: el pluralismo polarizado es un animal en estado terminal. Detrás no hay otro tipo más de sistema de partidos, detrás del pluralismo polarizado hay un acantilado y al fondo del mismo, el vacío. Uno de los destinos naturales de este tipo de sistema de partidos es la quiebra del sistema democrático. Y no estoy exagerando…

De esta lista, según refiere el propio Sartori, habría que excluir a Suiza, Países Bajos, Noruega y Dinamarca por no exhibir una dinámica centrífuga: no cuentan con oposiciones bilaterales, esto es, no cuentan con partidos poderosos a ambos extremos del sistema de partidos. Matizar en este punto que nos estamos refiriendo a dichos sistemas políticos en el periodo señalado entre paréntesis; matiz necesario pues, desde la Gran Crisis financiera de 2008, observamos como por doquier emergen pluralismos polarizados en sistemas políticos y periodos que no están incluidos en la tabla, ya que lamentablemente Sartori falleció en 2017 sin posibilidad de ampliar sus estudios. En cuanto a Finlandia, Israel e Italia, son encuadrables en el pluralismo polarizado, exhibiendo una peculiaridad que conviene reseñar. En Israel la presión que ejerce sobre su sistema político la sempervirente hostilidad de sus países vecinos -que es por supuesto recíproca-, actúa como aglutinante de su sistema de partidos. Así, pese a estar su parlamento, la Knéset, enormemente fragmentado -lo sigue estando hoy-, la política internacional genera una suerte de unidad nacional que sirve de dique -hasta cierto punto- contra las dinámicas centrífugas. Lo mismo ocurrió con la presión soviética sobre Finlandia en el contexto de la Guerra Fría: el durante décadas fortísimo partido comunista finlandés fue integrado, al menos en parte, en el sistema político finlandés, pues el resto de partidos tenían un incentivo a mostrarse ambivalentes respecto a él; la cercanía del gigante soviético y sus aspiraciones imperialistas sobre la vecindad, permitieron que el partido comunista jugara el papel de bisagra entre los partidos finlandeses, que deseaban mantener su independencia frente a los soviéticos, y la propia URSS. Este fenómeno de neutralidad estratégica de los finlandeses fue apodado por medios occidentales como finlandización. Así, el partido comunista finlandés nunca ejerció una oposición tan frontal al resto de partidos como la ejercida por otros partidos marxistas de otras latitudes. Ello, junto a la ausencia de un partido de derecha extrema, marginados como estaban en el periodo de posguerra en la mayoría de países occidentales, limitó las tendencias centrífugas al no existir oposiciones bilaterales. Algo parecido y a la vez diferente ocurrió en Italia: allí sí hubo un partido neofascista de importantes dimensiones, el MSI (en torno al 10% del voto en su mejor momento), y un aún más fuerte partido comunista, el PCI (que llegó a superar el 30% del voto en alguna elección). Allí sí hubo, por tanto, oposiciones bilaterales y dinámicas marcadamente centrífugas. Fue un sistema con una inestabilidad crónica, pero el miedo a la fortaleza del PCI aglutinó el sistema político en torno a una coalición de partidos centristas que gobernó ininterrumpidamente -aunque con baile de miembros- durante décadas: la Democracia Cristiana (DC) lideró gobiernos de coalición prácticamente de forma ininterrumpida desde 1945 hasta 1992. ¿Y qué hay del resto?

El resto de los animales en estado terminal de la lista, murieron. A excepción de la V República Francesa, claro está, que aún pervive con una inestabilidad crónica desde su nacimiento. El Chile pre-Pinochet vivió una descomposición acelerada con dinámicas centrífugas y polarización, y un proceso de mimetización de los partidos otrora moderados con los extremos minuciosamente diseccionado por Sartori: si imaginamos que damos a leer las líneas en que el politólogo italiano explica los pormenores del proceso a un cualquiera que desconozca la historia de Chile, adivinará que el final del camino iba a ser un golpe de timón o una revolución. Puede escandalizar esto que digo al lector, pero así lo pienso. Lo mismo cabe decir de la II República española, la República de Weimar, o la IV República francesa, todos ellos animales fenecidos en circunstancias similares, con golpes de timón mediantes y la mutación de sus sistemas políticos democráticos en regímenes autoritarios, con la excepción francesa cuyo golpe de timón -pilotado por el General prócer Charles de Gaulle- dio el paso de la IV a la V República.
No en vano, el pluralismo polarizado es el ejemplar que con más casos de quiebras ha jalonado la historia de la democracia liberal urbi et orbi. La tasa de mortandad de este animal solo puede calificarse de sorprendente…y preocupante dada la coyuntura actual.
Si quieres saber cómo el laboratorio del gabinete de Presidencia de Pedro Sánchez está aprovechando la coyuntura de polarización, en este artículo diseccionó con un ejemplo concreto la estrategia de comunicación que está utilizando el PSOE para erigirse en «dique de contención de la extrema derecha». El PSOE está zarandeando el fantasma de Franco para apoyarse en VOX y éste está, torpemente, sirviendo de muleta al PSOE más débil de su historia reciente: es esta estrategia lo que le permitió revalidar gobierno pese a haber perdido las elecciones generales de 2023

Nota: este artículo, sobre el pluralismo polarizado, y aquel en que analizo la estrategia de comunicación del PSOE para aprovechar en su favor el auge de la derecha radical, iban en origen a ser un solo artículo. Dada la extensión que hubiera resultado, he optado por dividirlo en dos a efecto de no abrumarles con semejante «tocho». Sin embargo, sus temáticas están relacionadas y conviene enlazar la lectura del uno con el otro